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¿Cuántas veces hemos escuchado a amigos o conocidos quejarse de que la reforma en la que estaban metidos ha finalizado dejando mucho que desear? Los motivos por los que el resultado de una reforma o una rehabilitación pueden alejarse de lo que teníamos en mente en un principio —e incluso de lo que nos prometieron los responsables de realizar el trabajo— son muchos: una mala planificación inicial, una gestión mediocre del equipo de trabajo por parte del encargado de la obra, demoras en los plazos estipulados, etc. Para esquivar todos estos potenciales problemas y evitar que tu reforma se convierta en una odisea, te recomendamos que te dejes asesorar por un buen interiorista.

Contratar a un buen interiorista

El primer paso será dejar claro cuál es el objetivo que persigues con tu reforma. Durante el primer encuentro serio con el interiorista por el que te hayas decantado, deberás explicarle dicho objetivo de forma precisa. Asimismo, tendrás que decirle cuál es el presupuesto del que dispones y, en caso de que también lo tengas claro, cuáles son los plazos temporales a los que deberá ajustarse. Con esta información, este profesional de la arquitectura de interiores podrá darte su visión al respecto. De este modo, sabrás si tu propuesta es viable y, en caso de que no lo sea, qué alternativas tienes a tu alcance para ajustar el proyecto a tus requisitos y necesidades.

En definitiva, un buen interiorista te abrirá los ojos y, junto a él, elaboraréis un proyecto de interiorismo en el que quedarán fijados de antemano todos los pormenores de la futura obra: tanto el presupuesto total como los plazos de inicio y finalización. Dicho proyecto incluye un contrato que deberá ser firmado por las dos partes, y que obliga al profesional a cumplir con los tiempos estipulados sobre el papel, así como las penalizaciones que deberá afrontar en el caso de que no se ajuste a dichos plazos.

Un detalle que debes conocer sobre el interiorista con el que decidas trabajar es si posee o no equipo de trabajo propio. Muchos de estos profesionales suelen delegar el trabajo que han proyectado en terceras empresas, algo que puede acarrear problemas durante el proceso de reforma —malentendidos, reproches, etc.—. Asegúrate de que tu interiorista lleva tiempo trabajando con el mismo equipo, que será capaz de responder por el mismo ante cualquier circunstancia y que va a seguir de cerca los avances de la obra.

Y un último consejo: tómate tu tiempo para barajar distintas opciones antes de quedarte con un interiorista. Puedes comenzar buscando referencias fiables, por ejemplo preguntando sobre su experiencia a conocidos que hayan llevado a cabo una reforma recientemente. Asimismo, puedes investigar por internet, visitando webs de interioristas para ver qué tipo de proyectos suelen realizar y si estos se asemejan a lo que tienes en mente. Y para acabar, sería más que recomendable que antes de casarte con un interiorista, te asegures de que existe buen feeling entre vosotros. Esto favorecerá de manera notable el delicado proceso que estás a punto de acometer.

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