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Una terraza puede ser, si sabemos cómo reformarla correctamente, un espacio que cambie la atmósfera general de nuestro hogar. Bien poseas una terraza pequeña, bien una de proporciones considerables, con un poco de buen gusto y creatividad es muy sencillo transformarla en un lugar útil y atractivo. A continuación desarrollamos algunas de las consideraciones fundamentales que, a nuestro juicio, no deberías pasar por alto antes de ponerte manos a la obra.

¿Qué uso quieres darle a tu terraza?

En primer lugar, conviene que te tomes un tiempo para decidir qué tipo de uso vas a darle a tu terraza. Obviamente, el tamaño de la misma es el factor que más va a influir en esta decisión, pero hay algunas otras consideraciones que también pueden ser decisivas, como por ejemplo si tienes mascota/s, las horas de luz de las que podrás disfrutar en el exterior, la incidencia directa del sol sobre la superficie (es decir, la disposición de la terraza en relación a la trayectoria del sol), el clima predominante en tu ciudad, el tamaño de tu vivienda, etc.

Nuestro primer consejo es que dejes que tu imaginación fluya e intentes dar con una solución que aúne tus deseos y necesidades con las posibilidades a las que se preste ese espacio abierto al cielo del que dispones. Aquí van unas cuantas opciones:

La infraestructura. Puedes convertir tu terraza en un lugar de reposo en el que pasar mucho tiempo (leyendo, escuchando música, meditando, etc.). Para ello, obviamente, será necesario que adaptes el lugar, asegurándote de que en el mismo no falte ningún elemento clave. Si vives en un lugar donde suele hacer bastante frío y la lluvia es frecuente, deberás cerrar la terraza (mediante obra o con infraestructuras de ‘quita y pon’ destinadas a tal efecto), así como instalar en el interior de la nueva estancia algún tipo de dispositivo que mantenga el lugar caliente. Si, por el contrario, el clima es predominantemente caluroso, el uso de pérgolas o toldos (o cualquier otro elemento que deje circular el aire) será la opción más apta. Y lo mismo sucede si te decantas por transformar el espacio en un sitio destinado a que tus mascotas pasen la mayor parte de su tiempo.

Una habitación más. Si tu vivienda es de dimensiones reducidas, una buena opción puede consistir en transformar tu terraza en una estancia más, aumentando así el número de metros cuadrados útiles. En este caso, la reforma será un tanto más compleja y costosa, pero el esfuerzo y el dinero invertidos merecerán la pena con creces.

Un jardín. Por supuesto, esta es una opción que no podíamos olvidar. Puedes reconvertir tu terraza exclusivamente en un salvoconducto selvático, o bien reservar solo un pequeño espacio de la misma para el jardín y combinar este con alguna de las anteriores propuestas. Sea como sea, incluir plantas es siempre una excelente opción de cara a dotar la atmósfera de mayor frescor. Si no tienes tiempo para regar, puedes decantarte por plantas de plástico, o bien por especies que no requieran de un cuidado exhaustivo (como cactus o suculentas).

Centro de reunión. Asimismo, una opción cada vez más en boga es reformar la terraza para transformarla en un lugar destinado al disfrute colectivo. Incluir una barbacoa (o una parrilla), césped artificial y un buen dispositivo musical será suficiente para que puedas invitar a tus amigos y os sintáis como en una fiesta de lujo sin necesidad de salir de casa ni de gastar dinero.

Permisos y limitaciones

Esta consideración suele pasarse por alto y, en no pocas ocasiones, convertirse en un auténtico quebradero de cabeza. Antes de iniciar cualquier tipo de obra o reforma en bcn, es necesario consultar con la autoridad pertinente qué tipo de cambios nos está permitido realizar en nuestra terraza (las restricciones varían de una comunidad autónoma a otra, e incluso dentro de una misma ciudad, dependiendo de en qué zona esté ubicada nuestra vivienda). Asimismo, es más que recomendable que también hablemos con nuestros vecinos antes de emprender una reforma ‘exterior’, tanto para que estén al tanto como para que nos informen sobre posibles antecedentes y/o limitaciones legislativas, sobre todo si llevan viviendo en nuestra finca o comunidad más tiempo que nosotros.

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